Proverbios empieza su relato con los consejos de un padre a su hijo rey.
El libro termina con los consejos de una madre a su hijo rey.
¿Qué consejo es más importante: el del padre, el de la madre o ambos?
Muchas veces es desechado el consejo de los padres más de lo que quisiera admitir. Pero el oído debe ser atento, sobre todo al poner en consideración lo que viene de los progenitores.
No significa que siempre tendrán la razón; incluso un rey destituyó a la reina madre por ir esta en pos de la idolatría. Pero cuántas veces se equivocan los hijos por no escuchar el sencillo y muchas veces acertado consejo…
¿Es acaso el acceso fácil a las ideas de nuestros padres lo que nos inclina a no prestar atención? Palabras en la mañana, más ideas en la tarde, consejo más luego, precaución en la noche… ¡aquí, ahora y en todo momento! ¿Pudiera algo tan valioso estar tan disponible? ¿Es la predisposición a ver sus consejos como desacertados lo que hace que en nuestro corazón queden descalificadas la mayoría de sus ordenanzas? No solo desobedecemos el consejo, ni siquiera prestamos oído a sus palabras.
Un día escuchamos que padre o madre mascullaron unas palabras que el viento arrastra al zafacón del vacío, y al final, cuando llega la calamidad, no somos conscientes de que nos dieron claras advertencias para evitar el mal; excusamos la ausencia de consideración a sus palabras debido a que las aplican en un contexto inapropiado, según juzgamos por la falta de instrucción o tacto, tono, momento, humor y lugar. ¡Es realmente la orquestación de un gran escenario poder llegar al oído de un hijo!
El libro de Proverbios nos invita, sobre todo, a escuchar. Un simple acto de la voluntad nos puede abrir la senda de la vida: solo escuchar.
Aquí empezamos un recuento novedoso de verdades imperecederas. Vamos a escuchar el consejo de padre y madre, el consejo de la sabiduría —esto es justo— y miremos atentamente por una senda que nos invita a escuchar.
No seas duro de oídos: la actitud que adoptas al escuchar la amonestación es un reflejo de tu corazón.
Tu camino ha sido trillado por tus padres o algún tutor, una figura cualquiera que sea, la cual te ha guiado en tus primeros años. En algún punto del camino seguirás trillando solo; no son sendas exactas, pero en medio de un mundo en oscuridad, la luz del consejo filial es un canal por el cual la sabiduría endereza la senda de los más jóvenes.
