Araña Lica
Los animales empezaron su descenso hacia lo que parecía una cueva subterránea. Justo cuando se disponían a entrar, una suave voz femenina se les unió por detrás.
—¿Creen que es seguro aventurarse por ahí sin más? Yo no lo haría… —dijo la voz, haciéndose paso entre el grupo de animales.
Era una araña grande, notablemente hermosa. Tenía patas largas, gruesas y un cuerpo azul metálico. La araña avanzó a través de la multitud agraciadamente y se colocó en el frente. Luego de examinar a los animales cuidadosamente, habló de nuevo:
—¿Acaso no saben? No deben meterse en una cueva desconocida… sin un guía. Menos mal que me percaté, al igual que ustedes, del olor que desprende este lugar. Conozco muy bien esta clase de terrenos… —dijo la araña suavemente—. No se preocupen, tengo experiencia en esta clase de cosas, por aquí… —dijo, adentrándose por el hoyo.
La araña esperó pacientemente mientras cada animal la seguía. Ella no quería perderlos de vista.
—Por cierto, me llamo Lica, ¿y ustedes? —preguntó dulcemente a cada animalito.
Entre ellos, ratones, lagartijas y otras arañas más pequeñas empezaron a presentarse amablemente ante la imponente, pero gentil araña, quien los escuchaba atentamente mientras caminaba junto a ellos.

—Saben, tienen suerte de que haya venido con ustedes… es fácil perderse en estos laberintos… pero no se preocupen, para eso estoy aquí —resopló Lica mientras los guiaba por la cueva.
Los animales que la acompañaban se sintieron aliviados al ver que Lica era muy paciente y amable. Qué afortunados se sentían de tener una líder en esta cueva que seguramente escondía grandes delicias.
El tiempo pareció dilatarse mientras Lica guiaba a los animales por los sinuosos pasajes de la cueva. Cada paso resonaba en la oscuridad. La atmósfera se hacía cada vez más pesada, mientras la visibilidad se perdía mientras más avanzaban.
Finalmente, llegaron a la parte más profunda, donde el suspenso se espesaba como una niebla impenetrable. En ese rincón oculto de la caverna, el silencio era ensordecedor. Los animales empezaron a sentir que algo no andaba bien. Apenas podían ver más allá de sus narices; todo lo demás era negro, completamente negro.
Los animales, rodeados por las sombras, se encontraron repentinamente en un escenario macabro. La tenue luz que proyectaban los ojos de Lica reveló una escena grotesca: cadáveres de otros animales yacían esparcidos por el suelo, sus formas distorsionadas por la muerte. Sus cuerpos resultaron víctimas de una desalmada criatura.
El exquisito aroma que inicialmente los había seducido, una fragancia prometedora de secretos ocultos, ahora se transformó en una pestilencia abrumadora. Un hedor putrefacto llenaba el aire, nublando sus sentidos y envolviéndolos en una atmósfera lúgubre.
Los animales, desconcertados y aturdidos, intercambiaron miradas cargadas de incomodidad y miedo. Sus pupilas reflejaban la consternación ante el giro inesperado de los acontecimientos. La cueva, que había parecido un santuario enigmático, reveló su verdadero rostro: un sepulcro en el que la vida había sido devorada y dejada en descomposición.
Por un instante, solo se escuchaban los corazones agitados de las criaturas, quienes intentaban encontrarle sentido a la situación.
—¿Qué es este lugar? —preguntó uno de ellos, aterrado.
—Creo que debemos irnos… esto no me gusta… —susurró otro.
El pánico se apoderó de todos. Cada uno empezó a hablar rápidamente, mediante quejidos y gemidos de angustia y preocupación. Finalmente, uno de los ratones se percató de algo.
—Chicos, ¿dónde está Lica? —preguntó preocupado—. ¿Que no andaba con nosotros?
Todos empezaron a preguntarse lo mismo. Empezaron a mirarse los unos a los otros, desorientados tanto por la falta de visibilidad como por la repentina desaparición de Lica.
Mientras los murmullos aumentaban, la voz de Lica llamó la atención de todos. Su voz llenó la oscuridad de la cueva, haciendo que a todos se les erizara la piel.
—Ah… ¿no es maravilloso? Todos ustedes aquí, reunidos… —dijo Lica de manera siniestra—. Esto fue más fácil de lo que esperaba…
—¡¡¿¿¿C-… CÓMO???!! —exclamaron los animales, muertos de miedo.
El horror se reflejó en los ojos de los animales, cuyas esperanzas se desvanecieron abruptamente. Atrapados en la trampa mortal de Lica, intentaron desesperadamente escapar, pero la araña bloqueaba cada intento con una destreza mortal. Sentada en la salida, disfrutaba del miedo que emanaba de sus presas, revelándose como una depredadora implacable.
—De verdad… fue muy lindo haberlos conocido… pero creo que su viaje termina aquí —dijo Lica, resuelta—. No se molesten en gritar… eso ahuyentaría a los próximos que se acerquen a esta cueva… Como ustedes hicieron…
