Doña Sabiduría sale a las calles y clama en la plaza. Invita a todos a escucharla… pero pocos se detienen. Esta es su historia, contada en cuatro voces.
· I ·
Doña Sabiduría un día,
con alta y sonora voz,
decide ir a las calles
a dar una explicación.
Clamó a todos reunidos
en la plaza de la ciudad,
y dijo a las multitudes
por la calle principal:
«¿Por qué todos aman tanto
lo que les trae calamidad?
Desechen la ignorancia,
la burla y la mediocridad.
Les invito a recibir
el consejo que hoy ofrezco;
no guardaré secretos,
mis tesoros les revelo.
De simples, burlones y necios
podrán ser transformados
en entendidos y sabios:
personas de discernimiento.»
Doña Sabiduría un día,
con alta y sonora voz,
decide ir a las calles
a dar una explicación.
Clamó a todos reunidos
en la plaza de la ciudad,
y dijo a las multitudes
por la calle principal:
«¿Por qué todos aman tanto
lo que les trae calamidad?
Desechen la ignorancia,
la burla y la mediocridad.
Les invito a recibir
el consejo que hoy ofrezco;
no guardaré secretos,
mis tesoros les revelo.
De simples, burlones y necios
podrán ser transformados
en entendidos y sabios:
personas de discernimiento.»
· II ·
Doña Sabiduría un día,
con alta y sonora voz,
decide ir a las calles
a dar de su erudición:
«A menudo llamo a muchos,
pero no me quieren oír,
no prestan atención alguna…
¿se sienten muy bien así?
Aquí menciono a algunos:
Simple, cómodo en su ignorancia;
Burlón, que disfruta el desdén;
y el más necio de todos,
que odia todo saber.
Gran peligro acarrea
vivir de tan mala manera;
no rechacen mi consejo,
¡atiendan mis advertencias!
Teman a Dios, amen conocer,
o cosecharán el fruto amargo
de vivir por su parecer.»
Doña Sabiduría un día,
con alta y sonora voz,
decide ir a las calles
a dar de su erudición:
«A menudo llamo a muchos,
pero no me quieren oír,
no prestan atención alguna…
¿se sienten muy bien así?
Aquí menciono a algunos:
Simple, cómodo en su ignorancia;
Burlón, que disfruta el desdén;
y el más necio de todos,
que odia todo saber.
Gran peligro acarrea
vivir de tan mala manera;
no rechacen mi consejo,
¡atiendan mis advertencias!
Teman a Dios, amen conocer,
o cosecharán el fruto amargo
de vivir por su parecer.»
· III ·
Cansados de Sabiduría,
cada cual a sus asuntos fue,
cuando de repente anuncian
cosas de gran interés:
«Seguro mañana en la tarde
harán su entrada triunfal
el torbellino Desastre
y la tormenta Calamidad.»
Gritan todos por ayuda,
nadie responde al clamor;
retumba la risa burlona
de Sabiduría, a quien nadie escuchó:
«Llamé y no vinieron,
tendí la mano y no hicieron caso,
di corrección y fue rechazada,
di consejo y no prestaron atención.
Ahora, tarde, buscan mi ayuda…
pagarán caro su desprecio.»
Cansados de Sabiduría,
cada cual a sus asuntos fue,
cuando de repente anuncian
cosas de gran interés:
«Seguro mañana en la tarde
harán su entrada triunfal
el torbellino Desastre
y la tormenta Calamidad.»
Gritan todos por ayuda,
nadie responde al clamor;
retumba la risa burlona
de Sabiduría, a quien nadie escuchó:
«Llamé y no vinieron,
tendí la mano y no hicieron caso,
di corrección y fue rechazada,
di consejo y no prestaron atención.
Ahora, tarde, buscan mi ayuda…
pagarán caro su desprecio.»
· IV ·
Doña Sabiduría un día,
resuelta, silencia su voz;
nadie la escucha en las calles,
el tiempo ya se agotó.
La que brindaba ayuda
no ofrece amonestación,
decide cerrar su boca
y también su corazón.
Su mano antes extendida
ya no da a nadie ayuda;
sordos quedan sus oídos
ante tan gran clamor.
Comerán y se hastiarán
de venenoso consejo;
en lugar de prosperidad,
la ruina todos hallarán.
Tal es la senda a la muerte
del que ignora la voz de Dios;
pero el que atiende vive tranquilo
y libra su alma de perdición.
Doña Sabiduría un día,
resuelta, silencia su voz;
nadie la escucha en las calles,
el tiempo ya se agotó.
La que brindaba ayuda
no ofrece amonestación,
decide cerrar su boca
y también su corazón.
Su mano antes extendida
ya no da a nadie ayuda;
sordos quedan sus oídos
ante tan gran clamor.
Comerán y se hastiarán
de venenoso consejo;
en lugar de prosperidad,
la ruina todos hallarán.
Tal es la senda a la muerte
del que ignora la voz de Dios;
pero el que atiende vive tranquilo
y libra su alma de perdición.
Pasaje · Proverbios 1:20-33
«La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas… "¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza? Volveos a mi reprensión; he aquí, derramaré mi espíritu sobre vosotros." … Pero el que me oyere habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal.»
Reflexión
Escuchar a tiempo el consejo sabio es un acto sencillo… que abre la senda de la vida.
← Volver