El zorro
El zorro era conocido por ser chismoso y marrullero. Su forma de ser era conocida por todos los del barrio en derredor.
Al no obtener los mejores resultados de su conducta y la mala fama que no lo ayuda, decide darle un giro a su vida. Cierra el pico por un tiempo… pero esta vez, con más discreción, sigue inventando cosas de los demás, pues le generaba una especie de placer inexplicable. La última vez, su víctima fue el cuervo; gracias al zorro, tiene el mote de “ave de mal agüero”. Después de sus mordaces comentarios, nadie quiso juntarse con el pobre cuervo. Así de efectivo era el chisme que iba sembrando.
Un tiempo después, todos son informados de un espectacular evento a llevarse a cabo en el barrio. Para el día señalado, todos son atraídos por el montaje y van ocupando los asientos dispuestos para lo que se entiende será una novedosa presentación.
Después de una fanfarria, por fin se devela la sorpresa: aparece nada más y nada menos que el señor Zorro en escena, vestido de blanco y con semblante sereno. Lenta y ceremoniosamente empieza a hablar de su tema favorito y del que, según él, tiene gran experticia: ¿qué será? Empieza la disertación:
“Les vengo a hablar sobre cómo evitar hablar mal de los demás.”
¡Qué desencanto! No bien terminada la introducción, se genera un bullicioso ambiente que, con risotadas y abucheos, da fin abrupto al intento del zorro de presentarse como maestro de virtud.
Tras quedar la sala vacía, uno de los afectados hace poco por este personaje, el cuervo, le explica, al verlo cabizbajo, confundido y avergonzado:
Cómo se te ocurre tan mala idea,
una vez más nos crees tontos.
Del chisme su origen sabemos todos,
lo que inventaste ha calado hondo.
En lugar de cambiar de proceder,
te camuflaste una vez más.
Este teatro de creerte el santo
te ha expuesto y desacreditado.
Ocúpate un tiempo a reflexionar;
con palabras a los demás no ganarás.
Si el cambio no viene desde adentro,
—sigue chismeando— no pierdas tu tiempo.
Moraleja: La mejor manera de demostrar que hemos cambiado es actuando diferente; ante los hechos, las palabras siempre sobran.
Proverbios 11:9: Con la boca el impío destruye a su prójimo, mas por el conocimiento los justos serán librados.

