Sin salirse del camino iba aquel grillo que se dirigía a su nuevo hogar; es aún una ninfa y le faltan algunas mudas. En el camino, y siguiendo su trayectoria, decide hacer una parada: tomar provisiones pasando por la aldea más cercana.
Pero el camino en un punto se torna misterioso y guarda peligros. Llega a la aldea donde pasará la noche. Todos sus moradores, sin excepción, son amables y hospedadores, pero es sabido que de la morada de algunos de estos aldeanos nadie sale con vida.
El grillo, en esta ocasión apremiante, decide avanzar sin perder tiempo.
A lo lejos se distinguen con claridad dos colinas, cada una con una morada en lo alto, y en medio de las colinas un valle angosto las surca, dejando la aldea atrás. Después de conseguir rápidamente sus provisiones, entiende que es mejor buscar asilo a la salida de la aldea, donde se avistan aquellas casas. ¿Pero en cuál morada se alojará?
Es seguro que de una de ellas puede salir rumbo a su destino; en la otra puede encontrarse problemas. ¿Qué debe hacer? Pues primero observará.
A su derecha se observa una casa bien construida, iluminada, con vigilantes al derredor, y un excelente aroma a comida llegaba a deleitar su olfato; detrás, una granja con robusto ganado servía para el festín que se degustaba. Una fiesta parece que se celebraba y muchos eran convidados. La señora de la casa está dentro, atendiendo sus asuntos; comida y vino invitan, según su generosidad.
Del otro lado, en cambio, se observa una casa sencilla, alumbrada con escasas velas. Un olor extraño se dispersa desde allí; no huele a pan, no rojea vino, pero una señora muy elegante y seductora, sentada en un gran sillón frente a casa, a todo pulmón invita a todo el que por allí pasa.
Impactado el grillo por tan gran contraste, pretende seguir de largo: no sabe quién es la falsa. Cuando se aproxima al valle entre las dos colinas, antes de saltar al otro lado, de cada casa sale alguien a su encuentro. Se detiene y escucha: tal vez digan algo al oído, ya que el ojo no queda convencido.
Adelantándose y agarrándolo por las patas delanteras, y con zalamería, la señora elegante y seductora llamada Insensania le dice:
“Te invito a comer el pan del descanso… ¡¿Por qué quieres irte tan rápido?!
A escondidas haremos un juego…qué alegría da mi atrevimiento…
¡Qué importa! Vive el momento, disfruta un rato.
Toma de mi vino: ‘Pasarla bien’.
Al terminar la fiesta, una sorpresa te daré”.
Guardando su distancia, en cambio, una de las doncellas proveniente de la otra colina, le ofrece lo siguiente en nombre de doña Sapiencia :
» Te invito a beber mi vino
te invito a comer mi pan.
aquí se puede descansar,
pero después de trabajar.
¿no ves como prioridad
el aprender a volar?
come de la enseñanza
¡Aquí tengo el Manual!»
Al grillo le quedó claro dónde debía pasar la noche; allí, en la casa de Sabia, no solo estuvo como huésped de paso: aseguró su subsistencia por el resto de sus días.
Proverbios 9:6
Dejad las simplezas y vivid, y andad por el camino de la inteligencia.
Leer Proverbios 9:1-6 y 13-18. La Sabiduría y la mujer insensata.
Moraleja: Parece difícil apreciar la diferencia entre la sabiduría y la insensatez, pero no, no nos engañemos, es más fácil de lo que pensamos. Son sendas diametralmente opuestas y no una fina linea,más bien un amplio surco las separa. El que yerra tras el camino de la necedad, es porque decide desviarse bajo su propia responsabilidad.

