Empieza la carrera, todos en la línea de partida; al sonar la señal, se lanzan rápidamente sobre el recorrido.
Una carrera distinta
Todos llegan a la línea de meta, pocos son premiados.
Pero era una carrera diferente: durante el recorrido (lo cual no es típico en una competencia), debían DETENERSE, realizar una parada en algún punto del trayecto para encontrar un objeto especial, “un Valor”, un imprescindible, que debía ser entregado de vuelta en la meta. Esta observación es hecha a los competidores solo por aquellos corredores que, habiendo corrido previamente, resultaron ganadores.
Muchos corredores se cansaron de buscar y pensaron que era una pérdida de tiempo y, sintiéndose burlados, abandonaron la carrera.
Otros pensaron que llegar era más necesario, no viendo como imprescindible el absurdo de detenerse a buscar.
Otros dejaron la búsqueda para el final de la carrera y, ya tan cansados que, aun teniendo cerca “el Valor”, eran incapaces de tomarlo.
Pero los menos se dedicaron a la búsqueda del Valor desde el inicio de la carrera, cuando la búsqueda es en un camino relativamente más fácil, sin los estorbos propios del final de la carrera; no se atrevieron a correr francamente hasta haberlo encontrado. Estos, sin saberlo, aunque corrieron al final, aseguraron llegar a tiempo a la meta. “El Valor” les hizo la marcha más fácil; lo encontraron: eran las zapatillas.
¿Y tú, estás corriendo la carrera de la vida sin tus zapatillas? Naciste descalzo, te lanzarás al terreno pedregoso, espinoso, fangoso de la vida sin protección. Ese calzado que te prepara para correr sin estorbo se llama Sabiduría. Es tonto aquel que cree poder llegar a la meta sin ella; aborrecerla es ganarse un boleto seguro a la perdición.
Proverbios 8:17: … y me hallan los que temprano me buscan.

