El boomerang

Pasando frente a su madre, el monito es detenido tras escuchar la petición: ve a llevar las bananas a tu padre, que está en el campo trabajando. El monito se niega; alega a su madre estar muy cansado, le duelen los pies.

Unas cuantas horas después, la madre le pide ayuda con los quehaceres del hogar, pero él insiste en que se encuentra aún muy cansado; le duelen las manos.

Al atardecer, su madre le pide que coopere asistiendo a sus hermanos menores, jugando con ellos, pero el monito está muy cansado. Le dice a su madre que le duele todo el cuerpo.

Al final del día, pasan unos amigos del mono y le invitan a jugar un partido de fútbol; la invitación viene especialmente del entrenador del equipo. Complacido y halagado, le da la noticia a su madre de tan alta distinción. Entiende que el permiso para ir a jugar se cae, como banana de la mata.

Mientras va saliendo de casa, es detenido tras escuchar la orden de su madre: pues ya veo que no estás cansado; las bananas que ibas a llevar a tu padre serán tu balón, que los quehaceres en casa serán tu portería y tus hermanitos, aquí, el equipo contrario. Aquí tienes todo lo que necesitas para “jugar”; usa, pues, en casa tu imaginación. Cuando cumplas tus deberes aquí, recibirás permiso para jugar allí.